EL INCREIBLE POTENCIAL HUMANO

Capítulo 1
El Evangelio de Cristo fuesuprimido — no escuchadodesde el primer siglo hasta la
actualidad PREPÁRECE para la revelación más asombrosa de su vida! ¿Acaso nos afecta como el impacto de una sacudida sorprendente descubrir que la dimensión más importante en todo el conocimiento humano fue enviada de Dios por medio de Jesucristo — pero que ese mensaje fue suprimido durante el mismísimo primer siglo? ¿Que Jesús fue matado por revelarlo? ¿Que sus apóstoles, con posiblemente una excepción, fueron también martirizados por proclamarlo?Sin embargo, este mensaje habría librado al mundo de casi todos sus sufrimientos y males, si la humanidad lo hubiera recibido y puesto en práctica.
La palabra «evangelio» significa «buena noticia». Ese mensaje, cuando es íntegramente comprendido, revela un potencial humano tan estupendo — tan majestuoso — que a primera vista parece totalmente increíble.
Ese mensaje revela hechos acerca de la humanidad: qué es el hombre, para qué propósito fue puesta la humanidad sobre la Tierra, cuál es nuestro destino, cuál es la ruta que conduce a la paz mundial, a la felicidad y a la prosperidad universal, cuáles son los verdaderos valores, cuál es el asombroso potencial humano, y cómo podemos alcanzarlo.
Las respuestas a estas preguntas forman el caudal de conocimientos más importantes que jamás hayan sido hechos accesibles al hombre. El hombre, sin embargo, los ha despreciado y rechazado.
El mensaje evangélico de Cristo, cuando se capta en su totalidad, nos revela lo que la ciencia nunca ha podido descubrir. Nos enseña cosas acerca de las cuales las religiones de este mundo no saben nada. Nos ayuda a comprender lo que el sistema educativo de este mundo nunca ha sabido o enseñado.
Ese mensaje nos revela la más maravillosa verdad que la mente humana es capaz de comprender. Nos revela la dimensión perdida en el conocimiento, el conocimiento más esencial para el hombre.
¡Es la más monumental buena nueva que nuestro Hacedor ha revelado a los hombres! ¿Por qué la rechazó la humanidad y consintió en dar muerte al mensajero quien la trajo?
La respuesta es que la humanidad fue engañada, y que todas las naciones en la actualidad también lo están.
El propósito de este libro es revelar cómo la humanidad fue engañada y esclarecer lo que fue y es la buena nueva.
Incluso hoy, todavía la mayor parte de la humanidad nunca ha oído la gloriosa verdad del evangelio. Y los millones de hombres que sí la han escuchado están tan confusos y adormecidos por las falsas religiones y los falsos «evangelios», que no aciertan a distinguir la verdad. La verdad, de hecho, es más extraña que cualquier ficción.
El supremo maestro del engaño
Intelectualmente, hoy en día, no está bien visto creer en el diablo. La revelación bíblica explica este fenómeno. Las profecías de la Biblia se encargan de advertirnos que en nuestros tiempos el mundo entero será engañado (Apocalipsis 12:9). Este versículo nos dice: «Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero».
Satanás nos es mostrado como el supremo maestro de todo engaño, el que ha confundido a todo el mundo. Pero, ¿cómo se las ha ingeniado para lograr esto?
En el tercer capítulo del Génesis, se nos muestra a Satanás como el engañador de nuestra madre Eva. Por medio de ella, Satanás logró que Adán incurriera en el primer pecado cometido por un humano.
Cuando Jesús nació en Belén, Satanás todavía estaba en la Tierra como el dios de este mundo (2 Corintios 4:4). Y es también «príncipe de la potestad del aire» (Efesios 2:2), ejerciendo su influencia sobre toda la humanidad.
El mensaje de Cristo reveló la noticia anticipada de la completa abolición del poder diabólico sobre este mundo y del destierro de Satanás. Reveló también que Cristo vendría a vencerlo y que se haría cargo del gobierno de todas las naciones. Para Satanás, desde luego, era esencial evitar que ese mensaje fuera transmitido al mundo.
Pero, ¿cómo ingeniárselas para lograrlo?
Primero, trató de destruir al niño Cristo, para impedir que se hiciera adulto y proclamara su importantísimo mensaje. Influyó en el sadístico y sangriento rey Herodes, gobernador provincial de la tierra de Israel bajo la dominación romana. Herodes decretó la muerte de todos los niños menores de dos años, nacidos en Belén y sus alrededores. Dios, sin embargo, advirtió a José y María que escaparan a Egipto con su hijo.
Cuando Jesús fue adulto y alcanzó la edad de 30 años, Satanás procuró destruirlo espiritualmente, antes de que tuviera oportunidad de dar inicio a su predicación pública. Pero la tentación suprema con la cual Satanás planeó engañar a Cristo se convirtió, precisamente, en la prueba que calificó a Cristo para deponer a Satanás y convertirse en gobernante de todas las naciones. Así Jesús calificó para restaurar el gobierno de Dios sobre la Tierra. Sin embargo, en el plan divino, Jesús no habría de comenzar a ejercer su gobierno hasta el final de los primeros seis mil años de la humanidad.
Jesús, no obstante, prosiguió con su misión, por la cual vino a la Tierra en el tiempo en que lo hizo. Proclamó su mensaje y lo enseñó a sus discípulos.
Satanás, a pesar de todo, aún retenía su poder para influir en el mundo. Y aunque muchos judíos que oyeron la predicación de Cristo creyeron en El, aceptándolo como el Mesías prometido, fueron influidos para no creer su mensaje, es decir, su evangelio.
¿Cómo es que Satanás engaña, mueve e influye a la humanidad? La sorprendente respuesta a esta pregunta será dada más tarde.
El evangelio rechazado
Veamos cómo ocurrieron las cosas.
En el capítulo 8 del Evangelio de Juan, desde el versículo 30 hasta el 46, leemos lo siguiente: «Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra [su mensaje], seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres . . . Pero procuráis matarme, porque mi palabra [mi evangelio] no halla cabida en vosotros . . . pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios . . . porque yo de Dios he salido y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió . . . Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis . . . Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?»
A su debido tiempo, los romanos crucificaron a Jesús, pero resucitó de entre los muertos y subió al cielo, y desde ahí envió el Espíritu Santo de Dios a sus discípulos.
Los apóstoles de Cristo, como El les había ordenado que hicieran, se lanzaron a predicar su evangelio. La Iglesia de Dios se estableció en el año 31 E.C. para respaldar la proclamación del mensaje, y la Iglesia empezó a crecer.
Pero Satanás escogió a un poderoso líder religioso gentil con una falsa religión — la antigua religión de los misterios babilónicos. El tramó un «evangelio» falso y hasta se apoderó del nombre de Cristo, Ilamando a esa religión «cristianismo». Estoy consciente de que hoy, 1900 años más tarde, ésta es una revelación muy difícil de creer, pero no por ello deja de ser la verdad.
El «evangelio» falso
En Samaria, al norte de Jerusalén, vivía un pueblo de gentiles, a quienes los judíos de la época de Cristo habían despreciado, llamándoles «perros». Salmanasar de Asiria (2 Reyes 17:18, 21-24) les había llevado allí, procedentes del Imperio Babilónico, aproximadamente en el año 700 A.C. Y esos hombres Ilevaron a Samaria su antigua religión de los misterios babilónicos. En el capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles, podemos leer acerca del jefe religioso que tenían en los tiempos de Cristo: Simón el mago.
Cristo fundó la Iglesia de Dios para respaldar la proclamación de su evangelio por los apóstoles, en el año 31 E.C. En el año 33, después de un sorprendente crecimiento inicial, una gran persecución se desató contra la Iglesia de Dios (Hechos 8:1). En esa época, Simón el mago se hizo bautizar, junto con una multitud de personas. Trató entonces de comprar con dinero un apostolado en la Iglesia de Dios, pero fue, desde luego, rechazado.
Simón el mago se apropió entonces del nombre de Cristo, Ilamando cristianismo a su religión babilónica. Satanás influyó en este hombre y lo usó como instrumento suyo para perseguir y casi destruir a la verdadera Iglesia de Dios. Y antes de la terminación del primer siglo de la era cristiana, probablemente alrededor del año 70 E.C., Simón se las ingenió para suprimir el mensaje que Cristo había traído de Dios.
A esto sigue el «siglo perdido» en la historia de la verdadera Iglesia de Dios. Hubo una conspiración bien organizada para borrar toda constancia de la historia de la Iglesia durante ese período. Cien años más tarde, la historia nos pone de manifiesto un cristianismo completamente distinto — totalmente cambiado — de la Iglesia que Cristo había establecido.
Esa iglesia se apoderó del nombre de Cristo y lo aplicó a las antiguas creencias babilónicas. Estas reemplazaron así el mensaje que Jesús había traído de Dios, sustituyéndolo con un «evangelio» acerca de la persona de Cristo. El Mensajero fue proclamado y ensalzado, pero se suprimió completamente el mensaje, y éste es, por tanto, la dimensión ausente del conocimiento.
Y por espacio de unos dieciocho siglos y medio, el verdadero evangelio no fue proclamado al mundo.
Otro «evangelio» se hace popular
Alrededor del año 58, cuando el apóstol Pablo escribió su Epístola a los Gálatas, ya muchos se habían dejado atraer por el nuevo «evangelio». Estas son palabras de Pablo: «Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No es que haya otro [porque tal «evangelio» en realidad no era «la buena nueva»], sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo» (Gálatas 1:6-7).
A los Tesalonisenses, alrededor del año 54, Pablo escribió: «Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad ...» (2 Tesalonisenses 2:7). Se refería a la religión de los misterios babilónicos, iniciada por Simón el mago (Hechos 8:9), una religión de iniquidad — de ilicitud — que rechazaba la ley de Dios. Sobre esto, volveremos luego.
La iglesia falsa y la verdadera
En el Apocalipsis, se nos habla de dos iglesias, ambas con el nombre de Cristo. Una, descrita en el capítulo 12, representa a la verdadera Iglesia de Dios, pequeña en número de fieles, reducida a causa de la persecución y el martirio, pero obediente a la ley de Dios y odiada por Satanás. La otra, en el capítulo 17, es llamada «MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA» (versículo 5). En otras palabras, la religión de los misterios babilónicos que se ha dedicado a la iniquidad y a la abolición de la ley de Dios.
En la misma época en que Pablo ejercía su apostolado, los ministros de Simón el mago perturbaban a los Corintios. A éstos Pablo les escribió: «Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo [la verdadera Iglesia, en la resurrección, está destinada a desposarse espiritualmente con Cristo]. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno [un ministro de Simón el mago] predicando a otro Jesús que el que os hemos enseñado, o si recibís otro espíritu [el espíritu de rebelión y desobediencia] que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado . . .» (2 Corintios 11:2-4). (Más adelante daremos mayor explicación sobre la conexión de todo esto con el engaño de Eva, la primera mujer.)
Note el lector que esos ministros estaban predicando otro Jesús — así como también otro evangelio — y seguían otro espíritu, de rebelión, no de obediencia. Ese engaño ha continuado a través de los siglos, y ése es el estado que tenemos hoy. Tomaron el nombre de Cristo y lo aplicaron a la religión babilónica de ellos. Pero no se limitaron a ofrecer un evangelio falso, sino también un falso espíritu, un espíritu de egoísmo, y un falso Cristo.
Acerca de estos falsos ministros, Pablo también dijo a los corintios: «Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia . . .» (2 Corintios 11:13-15).
Pedro, Juan y Judas los desenmascararon
El apóstol Pedro asimismo escribió acerca de estos engañadores: «Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras . . . Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas . . . (2 Pedro 2:1-3). Juan escribió acerca de estos mismos ministros corruptores del verdadero evangelio, que se negaban a seguir los caminos de Dios. «El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él» (1 Juan 2:4). «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros ...» (1 Juan 2:19).
Y Judas nos advirtió que deberíamos contender «ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje [licencia para la desobediencia] la gracia de nuestro Dios . . . No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores . . . ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes . . . nubes sin agua, llevadas de acá para allá . . . . dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas» (Judas 3-13).
La palabra «evangelio», hoy, resulta confusa
Aun la palabra «evangelio’’ hoy se presta a confusión, especialmente en la forma en que la usan algunos religiosos. El mundo ha estado, y está, lleno de «programas evangélicos» por la radio, la televisión, la imprenta y la predicación personal.
Dígale a casi cualquier persona: «El evangelio no ha sido proclamado por espacio de dieciocho siglos», y pensará que usted no está en sus cabales. Es así porque un falso «evangelio» ha sido fuertemente proclamado. Pero se trata de un «evangelio» que menciona al mensajero e ignora su mensaje.
Se basa en la idea de que es durante este tiempo — y únicamente ahora — que Dios está tratando de «salvar al mundo entero», pero aquellos que predican semejante mensaje no saben qué es la salvación ni cómo es obtenida.
¿Cómo pudo el mundo entero ser engañado? ¿Qué contiene el mensaje del evangelio que impulsó a un poderoso e invisible diablo a firmemente luchar por suprimirlo y falsificarlo?
Espere algunas sorpresas sensacionales.