EL INCREIBLE POTENCIAL HUMANO

Capítulo 5

¿Qué condujo a la creación del HOMBRE?

 

ALGO HIZO que el Dios Creador resolviera crear al hombre y colocarlo en este planeta. Pero pocos saben por qué Dios lo hizo y cuál es el propósito de la presencia de la humanidad sobre la Tierra. En otras palabras, ¿Adónde vamos y cuál es el camino que debemos seguir?

Estas son preguntas vitales, y, no obstante, repito que la ciencia no puede darnos las respuestas. Las religiones tampoco las tienen y las universidades no enseñan este conocimiento, el más importante de todos.

La Tierra no fue originalmente poblada por el hombre

La mayoría de la humanidad no sabe casi nada acerca de Dios. Sin embargo, para comprendernos a nosotros mismos, para entender por qué existimos y hacia dónde vamos, necesitamos conocer un poco más acerca de nuestro Creador.

Nuestra vida presente puede compararse a un viaje. Suponga que usted acaba de ganarse un premio — un viaje a otro país con todos los gastos pagados. ¿No le interesaría saber a qué país irá y cómo llegará a su destino, y enterarse del mayor número posible de informes y datos relativos a su viaje? ¿No debería excitarnos, entonces, muchísimo más la idea de averiguar todo lo que nos sea posible acerca del único gran viaje de la vida? Y para estar bien informado, es necesario que usted sepa algo más acerca del Dios que nos envía en ese viaje y quien nos muestra el camino a seguir.

Es vital, habiendo llegado a este punto, conocer algo que se nos revela en la Biblia: El Dios Eterno no es sólo Creador de todo, sino también Gobernante de todo cuanto crea, y además Maestro y Educador. Él nos revela el conocimiento básico y vital que necesitamos; conocimiento que, de no habérsenos revelado, sería inaccesible para nosotros. La humanidad, sin embargo, por regla general ha rechazado la revelación como fuente del conocimiento básico.

Dios mantiene lo que ha creado. Y lo que Él ha hecho tiene un propósito. Dios quiere que lo creado por Él sea usado, pero con un uso correcto, que sirva para preservar y mejorar. Y este uso de la creación, su mantenimiento y su mejoramiento están controlados por el gobierno de Dios.

Originalmente la Tierra fue creada para que una tercera parte de los ángeles la habitaran. Y éstos, contemplándola, la hallaron tan hermosa y perfecta que espontáneamente prorrumpieron en exclamaciones de jubilosa alegría (Job 38:4-7). La Tierra les daría a los ángeles una gloriosa oportunidad. Ellos se encargarían de trabajarla, de hacerla producir, de preservarla y de acrecentar su belleza.

A este nivel, sería apropiado que comprendamos la naturaleza de la creación de Dios. Es como aquellos muebles que aparte de no estar barnizados, pulidos o pintados, han sido acabados. Se pueden comprar así en algunas mueblerías y por lo tanto ahorrarse un poco de dinero si uno mismo está dispuesto a darles el toque final — siempre y cuando la persona tenga la habilidad para hacerlo. Estos muebles pueden ser de fina y primera calidad, pero no se les ha dado el toque embellecedor final.

Así es con la creación de Dios. Es perfecta, pero sujeta a un toque embellecedor que Dios tenía la intención que los ángeles realizaran. Su propósito era que prehistóricamente los ángeles y ahora los hombres usaran poderes creativos para terminar esta etapa en la creación de Dios — de agregar el toque final embellecedor y las últimas fases utilitarias de lo que sería la creación completa y final.

Ya sea que fuera o no revelada a los ángeles, fue una prueba suprema. Sería el lugar donde se probaría la obediencia al gobierno de Dios, y si contaban con la capacidad de desarrollar en creaciones terminadas a los otros planetas en el vasto universo. Pues lo que es revelado en la Palabra de Dios indica que Dios creó todo el universo físico al mismo tiempo que hizo la Tierra.

Los elementos radioactivos y la ley de la radiactividad prueban que en un tiempo la materia no existía. Dios es un ser compuesto de espíritu. Dios existía antes que todo lo demás. Él es el Creador de todo. Los ángeles fueron creados antes que la Tierra. Y hay grandes probabilidades de que la materia nunca haya existido antes de la creación de la Tierra. Es decir, resulta altamente probable que el universo físico, en su totalidad, haya sido creado al mismo tiempo.

Por consiguiente, el potencial de los ángeles era hacerse cargo de la totalidad del universo, para hacerlo productivo, para construir, para mejorar los miles de millones de planetas físicos que rodean innumerables estrellas (muchas de las cuales son soles). El Sol en nuestro sistema solar no es más que un astro de tamaño regular. Y algunos de los cuerpos celestes que a nosotros sólo no parecen diminutas estrellas son, en realidad, muchísimas veces mayores que nuestro Sol.

Nuestro sistema solar, de una vastedad que sobrepasa lo que la mayoría de los seres humanos pueden imaginarse, es solamente una parte de nuestra galaxia, ¡Y hay muchas galaxias! En otras palabras, el universo físico que Dios creó es de una vastedad imposible de imaginarse.

¡Era su propósito que los ángeles, y ahora los hombres, tuvieran una parte vital en la creación final del universo infinito!

(Pero quizás Dios no había dicho aún a los ángeles lo que tenía deparado para ellos, pues una tercera parte de esos ángeles trataron de apoderarse prematuramente de lo que les estaba destinado, antes de haber dado prueba de sus merecimientos y capacidades).

Para este propósito trascendental, Dios estableció su gobierno sobre ellos en la Tierra. La administración de ese gobierno divino sobre este planeta le fue delegada al superarcángel, al gran querubín Lucero.

Lucero era la suprema obra maestra que a Dios le fue posible crear como ser individual. La Biblia nos revela la existencia de sólo otros dos arcángeles del mismo rango — Miguel y Gabriel. Recuerde que aun los santos ángeles y arcángeles — inclusive el superquerubín Lucero —estaban dotados de la habilidad de pensar, razonar, formar actitudes y tomar decisiones. Dios creó a Lucero con todo a su favor. En él depositó el súmmum de toda belleza, sabiduría y perfección. Lucero era perfecto en todos los aspectos, desde el instante mismo de su creación, hasta que se halló en él maldad (Ezequiel 28:15) — la iniquidad, la rebelión y el desacato a la ley. Lucero fue enseñado y educado por el mismo Dios que le dio, teniéndolo junto a su trono, amplísima experiencia en la administración del gobierno divino. Lucero era uno de los dos querubines cuyas alas cubrían el trono del Dios Altísimo (Ezequiel 28:14, Exodo 25:20).

Lucero fue creado con una belleza gloriosa y perfecta, pero permitió que la vanidad se posesionara de él, y entonces se entregó a erróneos razonamientos. La ley de Dios — la base del gobierno de Dios — es el camino del amor, es el interés generoso por el bienestar y la felicidad de otros; es el amor hacia Dios, en obediencia, humildad y adoración; es el camino de dar, compartir, ayudar y cooperar. Pero Lucero razonó que la competencia sería mejor que la cooperación. Creyó que sería un incentivo para sobresalir, para luchar más, para lograr más. Pensó que habría más placer y felicidad en servirse a sí mismo.

Y se rebeló contra la ley de Dios, la ley del amor. Sintió celos de Dios. Le envidió y empezó a sentir resentimiento hacia Él. Se llenó de ambición y de codicia, y se amargó. Y todo esto le inspiró sentimientos de violencia, convirtiéndose deliberadamente en adversario y enemigo de su Hacedor. Esa fue su opción, no la de Dios — no obstante, permitida por Dios.

Y Dios le cambió el nombre, dándole el de Satanás el diablo, que significa adversario, competidor, enemigo.

A partir de entonces, Satanás usó sus poderes sobrenaturales para el mal, y se amargó no sólo contra Dios, sino contra la ley de su Creador. Usó su insidiosa astucia para conducir a los ángeles que estaban bajo su mando a la deslealtad, la rebelión e insurrección contra su Creador y, por último, a una guerra de agresión y violencia cuyo objetivo era deponer a Dios y apoderarse del trono del universo.

Mientras que Lucero continuó siendo leal y administró fielmente el gobierno de Dios, en la Tierra reinó una paz maravillosa y perfecta. Los ángeles se sentían vigorosamente felices hasta tal grado que rebosaban de gozo. La ley del gobierno de Dios es el camino de vida que causa y produce la paz, la felicidad, la prosperidad y el bienestar. El pecado, en cambio, es el camino de vida que ha causado todos los males existentes.

La muerte no fue el castigo que los ángeles recibieron por su pecado, pues Dios mismo los había creado como espíritus inmortales — seres que no podían morir. Dios les había dado esta Tierra para que la habitaran y así se les brindó la oportunidad para calificar algún día en poseer y embellecer el universo entero.

La sanción que se les impuso (y ellos todavía están aguardando el juicio final) fue descalificarlos — quitarles el derecho a la gran oportunidad que se les había dado. Sus mentes se pervirtieron y la Tierra sufrió un colosal cataclismo de inmensas proporciones que afectó a todo nuestro planeta, destruyéndolo.

Como consecuencia, la Tierra llegó a la condición que brevísimamente se describe en el segundo versículo del Génesis (las palabras hebreas tohu y bohu, en este contexto significan «desorden» y «vacío», «caos» y «extrema confusión»). Las aguas cubrían la faz de la Tierra, que se encontraba sumida en las tinieblas. Lucero que fue creado como un perfecto portador de luz, se había convertido en el autor de la oscuridad, el error, la confusión y el mal.

Así, la rebelión de los ángeles pecadores (2 Pedro 2:4-6; Judas 6-7; Isaías 14:12-13; Ezequiel 28: 12-17) produjo un enorme cataclismo sobre la Tierra.

¡Y es muy probable que haya producido consecuencias aun peores! Todo lo que crea Dios es creado en un estado perfecto. Los demás planetas no fueron creados en un estado de vacío y desolación, como el de nuestra Luna y Marte. Todavía no tenemos bastante información acerca de los otros planetas, pero todo indica que se encuentran actualmente en ese mismo estado de destrucción. Ya hemos expuesto el sorprendente e increíble potencial del hombre. Originalmente este potencial de dominar el universo les fue concedido a los ángeles, pero éstos se descalificaron. Dios no creó nuestra Luna y los planetas en un estado de desorden y vacío. Creo que la evidencia de lo que Dios nos revela fuertemente indica que todo el universo material fue creado cuando se creó la Tierra. Como hemos dicho, Dios no es el autor de la inutilidad, del vacío, de la destrucción, pero Satanás sí lo es. Por consiguiente,

basándonos en lo que ahora se ha revelado, parece que un cataclismo destructor, similar al ocurrido en la Tierra, ocurrió también — simultáneamente — en la superficie de nuestra Luna y de los otros planetas. Y todo esto fue causado por la rebelión de Lucero y de sus ángeles. Pero fíjese en lo que Dios hizo después.

En Salmo 104:30: «Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la Tierra». Volvamos a Génesis 1:2: «Y la tierra estaba [se volvió) desordenada y vacía [Hebreo, tohu y bohu, caótica, en confusión, inútil y vacía]; y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas».

Dios procedió entonces a renovar la faz de la Tierra, preparándola para convertirla en morada del hombre.

Pero, ¿Por qué hizo Dios esto?

¿Por qué creó Dios al hombre?

Esta pregunta nos lleva a una verdad quizás nunca antes entendida por el hombre.

¡He aquí una sorprendente verdad!

Examinemos ahora la situación como Dios debe de haberla analizado y considerado. Dios nos ha dado mentes como su mente divina, aunque inferiores y limitadas. Dios nos hizo a su imagen y semejanza (forma y configuración), aunque de materia y no de espíritu. Pero Dios nos dice: «Haya, pues, en vosotros este sentir [esta mente] que hubo también en Cristo Jesús» (Filipenses 2:5). Podemos aprender a pensar en una forma muy parecida a la de Dios. Si poseemos su Espíritu, podemos llegar a pensar, hasta cierto grado, como El piensa.

¿Cómo habría Dios analizado la situación después del colosal desastre de Lucero y de los ángeles que pecaron?

Este Lucero era la obra maestra suprema del poder creativo de Dios como un ser individual, separadamente creado. Fue hecha perfecto en belleza, mentalidad, conocimiento, poder, intelecto y sabiduría, hasta el grado que el poder de Dios podría crear estas cualidades dentro de un ser espiritual. Dios sabía que ningún ente más perfecto podría ser creado.

Pero a pesar de todo, ese ser superior, educado y preparado en el mismísimo trono de Dios quien gobierna sobre el universo, recurrió al razonamiento erróneo que le llevó a hacer una decisión pervertida y diabólica. Lucero influyó en los ángeles que se encontraban bajo él hasta lograr dirigir sus mentes a la rebeldía también. Esto, dicho sea de paso, pudo haberle tomado a Lucero tal vez millones de años. Lo más probable es que al comienzo haya tenido que empezar a pervertir las mentes de sus ángeles, una por una. Tenía que lograr que se sintieran insatisfechos y descontentos, agraviados por Dios, para infundirles resentimiento y amargura.

Al permitir Lucero que en su mente entraran pensamientos de vanidad, celos, envidia, codicia, egoísmo, rebelión y resentimiento, algo le ocurrió a su mente, pues quedó pervertida, descarriada, retorcida. Dios les había dado, a él y a los ángeles, control sobre sus mentes. Sin embargo, después del pecado, tanto Lucero como los ángeles que le siguieron quedaron incapacitados para ejercitar ese control mental. Nunca podrán destorcer sus mentes — nunca más pensar racional, honrada y correctamente.

Yo he tenido cierto número de experiencias personales con los demonios, a través de seres humanos que han sido poseídos por ellos. Y he podido echar fuera a unos cuantos, por el nombre de Cristo y el poder del Espíritu Santo. Algunos demonios son insensatos como niños malcriados. Otros son agresivos, los hay astutos, sutiles, llenos de argucias. Los hay también beligerantes, y los hay insolentes y malhumorados. Pero todos tienen una mente pervertida.

Pero fijémonos ahora nuevamente en el supremo y grandioso propósito de Dios. Ese propósito es desarrollar un carácter divino y perfecto en millones de seres humanos que tendrán la responsabilidad de completar ésta obra creativa a través del universo.

¡Ese es el inmenso propósito de Dios!

Con este fin, Dios creó a millones de ángeles — seres compuestos de espíritu. Después creó el universo físico, inclusive esta Tierra, y puso en ella a los ángeles para que se encargaran de desarrollarla. Y esa Tierra estaba bajo el gobierno de Dios.

Pero el rey que Dios designó como gobernante — Lucero — se rebeló contra Él, y desvió a una tercera parte de los ángeles y el gobierno de Dios dejó de reinar sobre la Tierra.

Lucero era su obra maestra, y si Lucero y sus seguidores escogieron el mal camino, no había garantía alguna de que las dos terceras partes de los ángeles restantes no harían lo mismo.

Al presenciar Dios el trágico cataclismo provocado por el pecado de los ángeles, debe de haberse dado cuenta de que Él, y solamente Él era el único ser que no podía pecar y que no pecaría. Por tanto, la única posible seguridad de lograr su gran propósito era la de reproducirse a sí mismo.

Pero, antes de proseguir, vamos a contestar otra pregunta:

¿Por qué le es imposible a Dios pecar? No existe poder más grande que se lo impida, pero Dios sencillamente por su propio poder — supremo sobre todos los demás poderes — ha determinado que no pecará.

Dios se dio cuenta de que no se podía confiar en que un ser inferior a Él no pecaría. Es decir, que no se rebelaría contra la ley y el gobierno de Dios. Para que se cumpliera su propósito para todo el universo, Dios comprendió que sólo alguien que fuera como Él, que contara con su santo, justo y perfecto carácter, es en quien se podía plenamente confiar para realizar su supremo propósito por todo el vasto e interminable universo.

Quizás alguien preguntará: ¿No pudo Dios haber sabido de antemano lo que harían Lucero y los ángeles que estaban bajo su mando? ¿Acaso Dios no lo sabe todo? Y la respuesta es no, no lo sabe todo. Si Dios hubiera conocido de antemano lo que escogerían, los ángeles, entonces habría tenido que forzarlos a hacer la decisión correcta; es decir, les hubiera quitado la capacidad de pensar, de razonar, de elegir, de hacer decisiones. Dios, por su propia voluntad, no quiere saber de antemano lo que usted y yo estaremos pensando, razonando o decidiendo mañana o en un futuro. Dios dio a aquellos seres espirituales, al igual que nos ha dado a nosotros los humanos, la facultad de pensar por nosotros mismos, de escoger, de tomar decisiones. De no ser así, seríamos solamente autómatas, que haríamos aquello que se nos obliga a hacer. Dios simplemente decidió no saber de antemano. Su propósito incluye el desarrollo del carácter en los seres por Él creados.

Y todo lo ocurrido con los ángeles motiva a Dios a crear la más estupenda creación de todas, la de reproducirse a sí mismo. ¡La máxima creación de Dioses en su Familia divina — seres superiores a los ángeles!

¿Reproducirse a sí mismo?

Llegamos ahora al pináculo sublime del poder creativo de Dios, al cenit de todas sus realizaciones divinas. Llegamos ahora a un proyecto divino tan increíblemente trascendental y majestuoso, que es muy difícil para la mente humana poder comprenderlo.

¿Cómo podría el gran Dios — que existe por su propio poder, antes de que existieran otros seres — reproducirse a sí mismo en múltiples millones de otros seres iguales a Él? Que fueran divinos, supremos en poder, perfectos en carácter — que cada uno de ellos por su propio libre albedrío escogieran ser del mismo sentir perfecto (mente) que el Padre y resueltos a no pecar.

El próximo capítulo revelará cómo Dios planea llevar a cabo el increíble e impresionante reto de reproducirse a sí mismo.