EL INCREIBLE POTENCIAL HUMANO

Capítulo 6
Cómo Dios planeó reproducirse a sí mismo
HE EXPLICADO por qué Dios creó al hombre y colocó a la familia humana sobre la faz de la Tierra. Pero, ¿Cómo pudo llevarse a cabo tan colosal tarea?
Desde luego pocas personas tienen la menor idea de lo que todo esto involucro. En la actualidad pocos seres humanos aciertan a darse cuenta de la magnitud de los hechos milagrosos y de la formidable creatividad divina que hicieron posible la vida humana de que disfruta cada uno de nosotros.
En el capítulo anterior dije que muchos podrían preguntarse si Dios no estaba consciente del pecado de rebeldía y soberbia que cometería Lucero. La respuesta a esa pregunta fue negativa. Dios no sabía que Lucero iba a pecar, pero sí estaba consciente de que la posibilidad de que lo hiciera.
Y conociendo Dios esa posibilidad, ¿Esperó pasivamente hasta que ocurriera un cataclismo de proporciones universales sin que de su mente brotara la idea de crear al hombre? Una vez más la respuesta es negativa. Dios no esperó pasivamente hasta que ocurriera el trágico cataclismo para comenzar entonces a planificar la creación del hombre y la futura reproducción de su propio género divino.
Permítame que acuda a un ejemplo. Habitualmente vuelo en un avión de propulsión a chorro. Sus diseñadores y fabricantes tuvieron en cuenta la posibilidad de que diferentes partes o sistemas de su estructura pudieran fallar. Así diseñaron e instalaron un sistema autoprotectivo. Si alguna parte del avión falla, otra parte del sistema inmediatamente «reemplaza» la función de aquella pieza que falló — y, en algunos casos específicos, hay inclusive una tercera parte de sustitución. Y si los diseñadores humanos tienen esta precaución y pueden prever y planear anticipadamente para sustituir alguna falla mecánica, con mucho mayor razón hemos de pensar que Dios también planeó algo de antemano, previendo la posibilidad de que Lucero y otros ángeles pudieran pecar. Dios sabía, desde antes de la creación de la Tierra, que los ángeles — seres con facultades independientes de pensamiento, razonamiento, selección, juicio y decisión — podrían rebelarse y entregarse de lleno a la iniquidad.
Y tal vez por eso mismo fue que creó la materia — el universo físico en su totalidad. La materia (orgánica e inorgánica) con sus muchas propiedades — fuerza, energía, inercia, gravedad, etc. — suministró el material con el cual Dios pudo crear al hombre en un estado mortal, como el medio a través del cual Él podría reproducirse a sí mismo.
Al llegar a este punto, nos damos cuenta de que aún necesitamos conocer un poco más acerca de Dios, nuestro Creador. ¡Y que es preciso también saber por qué, hasta hoy, nadie ha tenido la más vaga idea acerca del supremo y colosal proyecto que Dios se propuso desarrollar y que está desarrollando!
Un solo Dios, pero más de una Persona
Trataré de explicar esta formidable verdad con la mayor claridad posible
Primero, recordemos una vez más las palabras exactas de la revelación divina contenida en la Biblia: «En el principio, creó Dios los cielos y la tierra».
Dios inspiró a Moisés a escribir esas palabras en lengua hebrea. El sustantivo hebreo que traducimos como «Dios» es Elohim. Ésta es una palabra uniplural o colectiva, como ejército, familia, grupo, etc. Una familia, pero compuesta por más de una persona. Un grupo, si no está integrado por dos o más personas, no sería un grupo.
Lucero, transformado en Satanás, ha engañado tan hábilmente a toda la humanidad, que en la actualidad casi nadie se da cuenta de que Dios es realmente la familia divina. Una familia. Dios es una familia. La familia es un Dios.
Satanás se las ha ingeniado para que los hombres acepten cualesquiera otras creencias. Probablemente la más divulgada es la de quienes sostienen que Dios es una trinidad — Dios en tres personas —, limitando a Dios a esas tres personas, y representando erróneamente al Espíritu Santo, que fluye de Dios y de Cristo, como si fuera la tercera persona de esa trinidad.
Otros piensan que Dios es sólo una persona.
Pero veamos ahora lo que nos dice el Evangelio de Juan 1:1-5,14:
«En el principio era el Verbo». Son palabras que nos recuerdan las del primer versículo del Génesis, ¿Verdad? «En el principio Dios . . . », dice éste. Pero ya hemos visto que la palabra «Dios» es traducida del hebreo Elohim, palabra ésta que implica que más de una persona forman a un solo Dios. En el Evangelio de Juan, la palabra «Verbo» es traducida del griego (idioma en que fue inspirado este Evangelio) Logos, que significa «verbo» o «palabra», «portavoz», «pensamiento revelador» — como un ser o persona.
Nos dice el Evangelio de Juan: « . . . y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho ...» (versículos 1-4).
Este «Logos» — Verbo — era una persona. Y esta persona existió «desde el principio». Existió siempre por sí mismo. Existió con Dios, Pero también Él era Dios. Es y fue una persona. Ambos coexistieron siempre. Todas las cosas fueron hechas por Él, por el Verbo, el portavoz divino.
Pero veamos el versículo 14 del mismo Evangelio: «Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), Ileno de gracia y de verdad». Por supuesto, esto se refiere a Jesucristo. En carne humana, Él fue engendrado por Dios Padre, el unigénito del Padre (antes del nacimiento humano).
Y el Padre, desde el cielo, dijo estas palabras acerca de Jesús: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3:17). Jesús, al orar, se dirigía a Dios como «Padre» — «Padre e hijo», una relación familiar. La Iglesia, cuando llegue la resurrección a una vida espiritual inmortal, se desposará con el Cristo resucitado y glorificado (Efesios 5:25-28). Por lo tanto tenemos una relación de familia: Padre, hijo, esposo y esposa. Y la esposa estará compuesta de los hijos nacidos de Dios.
Yo personalmente he sido padre de una familia. Mi apellido es Armstrong. Mi esposa y yo convivimos por espacio de 50 años, hasta su muerte. Tengo un hijo, el cual también es un Armstrong, de igual modo que Jesús, el Verbo, era Dios y, sin embargo, estaba con Dios. En mi caso, nuestro apellido familiar es Armstrong. Todos los miembros de la familia llevan el apellido. Son varias personas, pero la familia es una familia.
Del mismo modo, hay un solo Dios, pero Dios es el nombre familiar, y hay más de una persona en la Familia Dios.
Cristo el Hacedor de todo
Dios es Creador. Pero Dios es la Familia divina. ¿Cómo puede el Padre de la Familia ser Creador, y Cristo ser Creador también? En Efesios 3:9, está escrito que Dios Padre creó todas las cosas por Cristo. Y Cristo es él «Verbo» — el Portavoz. Acerca de Él leemos en el Salmo 33: «Por la palabra del Eterno fueron hechos los cielos y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca . . . Porque él dijo y fue hecho; El mandó y existió» (versículos 6,9).
Daré un ejemplo. En enero de 1914, una revista de circulación nacional me envió a entrevistar en Detroit a Henry Ford. La primera vez que lo vi, él se encontraba justamente afuera de la puerta de la inmensa fábrica Ford, y vestía el traje típico del hombre de negocios, no pantalones de mecánico, Él era el hacedor o fabricante de los automóviles Ford. Él los fabricaba por medio de millares de empleados suyos, a quienes vi trabajando dentro de la fábrica. Estos empleados utilizaban maquinarias y energía eléctrica. De modo semejante, Dios Padre es Creador. Él creó por medio de Jesucristo, el «obrero» que habló, para que las cosas fueran hechas por el poder (energía) del Espíritu Santo. Pero Jesucristo claramente dijo que Él «hablaba» sólo lo que el Padre le había ordenado.
Fíjese en lo dicho en el primer capítulo de Colosenses. Refiriéndose al Padre (versículo 12) y a «su amado Hijo» (versículo 13), nos dice que éste «es la imagen del Dios invisible . . . Porque en él [en Cristo] fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la Tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él [por medio de Cristo y para Cristo]. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten’’ (versículos 15-17).
Jesucristo, antes de su nacimiento humano, había existido con el Padre, siempre, desde toda la eternidad.
¿Cómo fue que Dios planeó reproducirse a sí mismo?
Desde la eternidad, el Padre y el Verbo (que luego se convirtió en Jesucristo) habían coexistido. Habían creado a los ángeles, posiblemente a muchos millones de ellos. Y una tercera parte de estos ángeles, bajo el mando de Lucero, fue puesta en esta Tierra cuando la misma fue creada. Dios estableció su gobierno sobre ellos, con Lucero en el trono. Pero Lucero rechazó el gobierno de Dios. Lucero y sus ángeles quedaron, por tanto, descalificados y, al no administrarse o aplicarse más en la Tierra el gobierno de Dios, este planeta quedó estéril, yermo, sumido en las tinieblas, el caos y la confusión.
Antes de que esto ocurriera, ¿Había más de dos personas — Dios y el Verbo — en la Familia Dios? Dios no nos revela nada más el respecto. ¿Era el Verbo el Hijo de Dios, y era Dios el Padre en aquel tiempo? En ese tiempo la Biblia no se refiere a ellos como Padre e Hijo.
Consideremos ahora el sorprendente proyecto que Dios decidió realizar — reproducirse a sí mismo.
Es probable que antes de aquella época, no hubiera sido creada ninguna forma de vida con el proceso reproductivo. Probablemente el primer ejemplo de vida reproductiva haya sido la vida de las plantas, en los momentos en que Dios estaba renovando la faz de la Tierra (Génesis 1:11-12).
Dios había creado el universo físico antes de colocar a los ángeles sobre la Tierra. Dios había creado la materia con propiedades tales que permitieran que con ella se pudieran hacer cosas maravillosas. Creó tanto la materia orgánica (viviente) como la materia inorgánica (muerta, inerte). En la materia encontramos distintas propiedades, como la energía, la gravedad, la inercia. Una potencia incalculable, como la de la bomba de hidrógeno puede proceder de la materia. La existencia de la materia ofreció a Dios lo que Él necesitaba para reproducirse a sí mismo. Después de la creación de la vida reproductiva en las plantas, Dios creó la vida animal, también con el proceso reproductivo (cada animal reproduciéndose según su especie).
Pero entonces Dios (Elohim) dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Génesis 1:26) En otras palabras, el hombre fue hecho según el género Dios.
Dios había creado a los ángeles de espíritu. Pero en el caso de hombre, para su propio propósito reproductivo, la materia ofreció a Dios las propiedades que Él necesitaba. Y así «Dios formó a hombre del polvo de la tierra» (Génesis 2:7), es decir, de la materia.
Si el hombre pecare, y cuando pecare
Debemos detenernos a considerar un principio básico del gobierno de Dios: un Estado no puede funcionar sin un gobernante. Dios puso a Lucero en el trono de la Tierra. Cuando Lucero cesó de ser administrador del gobierno de Dios, pues quedó descalificado, no obstante se le permitió permanecer en el trono como Satanás (su nuevo nombre), hasta que hubiera un sucesor debidamente calificado al que le fuera dada posesión del cargo. El mismo hecho de que Satanás estuvo presente en la Tierra para tentar a los primeros humanos — y el hecho de que aún hoy continúa siendo «el dios de este siglo [mundo]» (2 Corintios 4:4) y el «príncipe de la potestad del aire» (Efesios 2:2) — constituye suficiente evidencia del principio básico del gobierno de Dios.
Más que esto, una vez que la Tierra fue habitada por aquellos que se rebelaron contra el gobierno de Dios — una vez que ese gobierno cesó de funcionar — fue necesario que alguien calificara como sucesor de Lucero (ahora Satanás) — y para calificar en restaurar el gobierno y el camino de Dios, el sucesor tiene que plenamente rechazar y/o negarse a andar por el sendero de Satanás.
Además, aquellos que han de reinar con Cristo, también tienen que calificar, rechazando y negándose a andar por el camino de Satanás, venciendo ese sendero y en realidad viviendo en sujeción al camino de la ley de Dios.
Consciente de esto, Dios sabía la inevitabilidad de que Satanás tentara al primer hombre creado, para inducirlo a descreer las palabras de Dios e incitarlo a pecar. Si el superarcángel y todos sus santos ángeles cayeron en rebeldía, ¡Mucho más probable era que el hombre — creado menor que los ángeles — también cayera!
¿Puede usted imaginarse a Dios — y con Él al Verbo (que es también Dios, miembro de la Familia Dios) — planeando esta suprema obra maestra de su poder creativo? El Verbo voluntariamente se ofreció para renunciar temporalmente al supremo poder y gloria que había poseído siempre (Juan 17:5), desposeerse de todo eso, ser engendrado por Dios, y nacer en carne humana con el propósito de morir (Hebreos 2:9). Y como Dios le había delegado al Verbo la creación real del hombre, Él, al nacer físicamente como ser humano con el propósito de morir, daría con su muerte una vida de mayor valor que la suma de todas las vidas humanas juntas, pues él era el creador de esas vidas. Y siendo divino y humano a la vez — Dios y hombre —, Él en la persona de Cristo tendría la capacidad de evitar el pecado. Y entonces Él, que nunca pecó, aunque fue tentado en todo al igual que el resto de humanos, en su muerte pudo pagar, en nuestro lugar, la pena que nosotros habíamos incurrido.
El hombre, por estar creado de materia física y por ser mortal, podía morir o escoger la vida eterna. El castigo del hombre por el pecado fue la muerte. «Porque la paga del pecado es muerte mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23).
Dios el Padre poseía el poder de resucitar a Cristo a la vida inmortal de entre los muertos, haciendo así posible la resurrección de los seres humanos a una vida inmortal compuesta de espíritu.
Fue así que el plan maestro de Dios para lograr su propósito empezó a desarrollarse. Si el hombre pecaba — y todos lo han hecho, excepto Cristo —, le sería posible arrepentirse, alejarse del pecado para reconciliarse con Dios y vivir de acuerdo a las normas divinas. En otras palabras, buscar el gobierno de Dios, aceptar imperio sobre su vida, aceptar a Cristo como su Salvador y venidero Rey. Él — Cristo — estaría calificado para restablecer gobierno de Dios sobre la Tierra.
Pero ¿Qué ocurriría si el hombre, rehusando arrepentirse, se negara a dejar el camino de Satanás y rechazara el gobierno Dios? Entonces sufriría la segunda muerte de la cual no hay resurrección. Esos hombres cesarán de existir. Será como si nunca hubieran existido (Apocalipsis 20:14 y Abdías 16).
Pero ¿Era todo lo que llevo explicado hasta aquí lo único que Dios — los seres Dios y el Verbo — tenía que tomar en consideración para realizar su plan? ¡No, desde luego que no!
El plan fue crear al hombre de sustancia física. Pero, ¿Cómo podría Dios reproducirse a sí mismo y hacer que un gran número de hombres ingresaran en la Familia Dios? Esto exigía que al hombre le fuera impartida la vida misma de Dios, la vida divina. Dios es espíritu, compuesto de espíritu.
¡Que maravilloso plan el que Dios concibió! Formaría al hombre de sustancia física. Así, si el hombre fallaba, sería como si nunca hubiera existido. Dios, pues, hizo al hombre de sustancia física, a imagen y semejanza de Dios, de tal modo que luego pudiera ser convertido en un miembro de la Familia Dios, compuesto de espíritu, es decir, cambiado de materia a espíritu.
¿Puede nuestra mente comprender la excepcional sabiduría, el poder de diseño y creación que hicieron posible nuestro trascendental potencial humano?
Dios primero formó la vida de las plantas, es decir, la flora. Esta consistió en materia viva, capaz de reproducirse a sí misma, pero sin estar consciente de ello. Después, Dios creó la fauna, la vida animal, en la que puso un cerebro con cierto estado consciente de las cosas pero sin capacidad para los procesos de decisión juiciosa y razonada. Pero el hombre, destinado a ser reproducido dentro de la Familia Dios, fue diseñado para tener una mente de tipo similar a la divina, con habilidad para pensar, razonar y decidir, es decir, para desarrollar un carácter similar al de Dios.
¿Cómo fue posible todo esto? El cerebro de un elefante, de una ballena o de un delfín es casi igual en complejidad, diseño y calidad al cerebro humano, y de mayor tamaño. El del chimpancé, aunque de tamaño ligeramente menor, también es casi igual al del hombre. ¿Por qué, entonces, es la mente humana tan trascendentemente superior al cerebro animal